Lima Milenaria
Notas sobre una ciudad mestiza con partida de nacimiento española. Una ciudad donde esas dos raíces en algún momento empezaron a caminar en direcciones opuestas. El discurso oficial dice 478 años de edad, y ¿qué hacemos con el pasado? ¿Con los templos, los vestigios, la comida, la gente, que nos dicen que hemos estado aquí por más de 2.000 años? De repente es hora de contar la historia al revés.
miércoles, 19 de junio de 2013
¿Y QUÉ HACEMOS CON LOS ALCALDES?
Alcalde es una de esas lindas palabras que heredamos de los árabes. En su momento quería decir “alguien que ejerce funciones de juez”. Era un privilegio que se otorgaba a una persona para decidir sobre un territorio…
En el post anterior hablé de uno de los nuevos horrores de Lima, que son muchos de sus parques y plazas públicas. Hoy vuelvo a publicar otra galería de imágenes, cuyo link encontrarán más abajo, de otras plazas del país. La conclusión parece clara. No es un tema estético. Tenemos una crisis de alcaldes.
¿Cómo hemos llegado a esto? Uno podría decir que la situación es muy compleja. Pero también podría decir que de toda esa complejidad, hay tres problemas muy claros:
- Fiscalización
- Información
- Educación
Uno también podría decir que el poder de los alcaldes distritales es tal, que los ha convertido en reyezuelos que hacen y deshacen a su antojo. De paso ignoran la misma ley, que los obliga a proteger parques y patrimonio (más abajo podrán ver los puntos relevantes de la Ley Orgánica de Municipalidades).
La entidad responsable de fiscalizar es el Ministerio Público. El año pasado estuve varias semanas buscando una respuesta de parte de esa oficina y nunca llegó. Solo había hecho una pregunta: ¿están fiscalizando a los alcaldes? Nadie me pudo responder.
Otra entidad que comparte responsabilidad es el Ministerio de Cultura. Pero aquí la salida que se suele dar es “no tenemos recursos suficientes” (y con un D.S.54 que se las pone más difícil).
En el Centro Histórico, la responsabilidad es de la Municipalidad de Lima, y aquí la fiscalización es un grito de auxilio a todo volumen. Ante una flagrante falta de efectiva fiscalización, el histórico Barrios Altos está cayendo adobe por adobe ante el frenético avance de los depósitos ilegales.
¿Qué podemos hacer? En el post anterior un amigo extranjero escribió esto: "Debería ser obligatorio que los alcaldes fueran a un curso de historia del arte, arquitectura, buen gusto, etc. y que consensuaran sus acciones haciendo una consulta previa antes de construir semejantes m…s, que ridiculizan una ciudad y a sus habitantes”.
Quizás sea una buena idea. Pero tendrían que hacer tantos cursos. Encontré esta página de un señor Jesús Cocha, funcionario del distrito de Independencia. Con sorprendente y elogiable sentido cívico, el señor Cocha desarrolló toda una batería de preguntas que un candidato a alcalde debería responder.
http://jesuscocha2503.blogspot.com/2011/04/los-requisitos-para-los-candidatos-ser_20.html
Pero volviendo al tema de parques y plazas: son bienes comunes. Le pertenecen a la ciudad. Ni siquiera a un distrito. Es de todos. ¿Por qué entonces los alcaldes tienen toda la autoridad para decidir qué hacer con ese espacio de todos? ¿No podríamos tener una comisión, como sucede en muchas ciudades, encargada de coordinar esto?
No me explayo sobre los puntos de información y educación. Es obvio lo que hace falta. Quizás sí, un poco más de periodismo urbano. Un periodismo que salga de lo policial para enfocarse en la calidad de vida de sus lectores, ciudadanos.
Para terminar, una cita de Aristóteles: “La conservación de una ciudad se encuentra en sus leyes”. Pasemos breve revista a la Ley de Municipalidades, 27972, en lo que a patrimonio concierne:
Art. 73: Las municipalidades tienen competencia en los siguientes puntos:
- 1.9) Patrimonio histórico, cultural y paisajístico
- 2.8) Promoción del desarrollo local
- 4.5) Fomento del turismo local
Art. 82: Sobre Educación, Cultura, Deportes y Recreación.
- 12) Promover la protección y difusión del patrimonio cultural de la nación, dentro de su jurisdicción, y la defensa y conservación de los monumentos arqueológicos, históricos y artísticos, colaborando con los organismos, regionales y nacionales competentes para su identificación, registro, control, conservación y restauración.
- 13) Promover la cultura de la prevención mediante la educación para la preservación del ambiente.
Art. 91: Sobre Conservación de zonas monumentales. Las municipalidades provinciales, en coordinación con el Instituto Nacional de Cultura o a su solicitud, pueden establecer limitaciones especiales por la necesidad de conservación de zonas monumentales y de edificios declarados monumentos históricos o artísticos, de conformidad con las leyes sobre la materia y con las ordenanzas sobre protección urbana y del patrimonio cultural.
Art. 96: Causas de necesidad pública. Para los efectos de expropiación con fines municipales, se consideran causas de necesidad pública, las siguientes:
- 3) La salvaguarda, restauración y conservación de inmuebles incorporados al patrimonio cultural de la Nación o de la humanidad o que tengan un extraordinario valor arquitectónico, artístico, histórico o técnico, debidamente declarado como tal por el Instituto Nacional de Cultura.
- 4) La conservación ineludible de la tipicidad panorámica de un lugar que sea patrimonio natural de la Nación.
Ahora sí, en serio, ¿qué hacemos con los alcaldes?
Galería imágenes en Facebook:
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151488528715642.1073741827.255185565641&type=1
Foto: Blog-citio.blogspot.com
miércoles, 12 de junio de 2013
HORRORES URBANOS: PARQUES DE LIMA
No hace mucho hice un recorrido por algunos parques de la capital. Había escuchado las quejas de vecinos del Campo de Marte, del Parque de los Próceres, o del parque de los Bomberos, en Jesús María y Lince respectivamente, y lo que vi fue violento e incomprensible.
Campo de Marte
Un lugar emblemático como el Campo de Marte, de elegante e imponente diseño original, ha sido dividido en múltiples áreas con rejas, alambres, mallas y muros. La palabra que más me viene a la cabeza cuando veo lo que están haciendo ahí es mutilación.
¿Qué pasa por la cabeza de un alcalde cuando cree que los parques (espacios de todos, por definición) se pueden usar a su antojo? Por suerte esta semana el de Jesús María ha sido acusado por la fiscalía y deberá responder.
Al Campo de Marte también se le ha reducido el área verde para crear más espacios deportivos. ¿Qué pasa entonces, el deporte no es necesario? Lo que sucede aquí es la progresiva pérdida de un lugar de esparcimiento, de paseo, y su transformación en un espacio utilitario.
En lugar de cercenar parques, los alcaldes deberían estar pensando en cómo construir otros nuevos. Lamentablemente no estamos acostumbrados a ver a ver planes ambiciosos de este tipo, pero son posibles. Urgentes, en una ciudad como Lima.
Los Próceres, ex Matamula
El parque de los Próceres es otro caso. Aquí progresivamente se han ido eliminando árboles y zonas verdes para la construcción de equipamientos urbanos. De nuevo, algunos se preguntarán con todo derecho si los vecinos no necesitan de serenazgo, bomberos o sitios para los jóvenes.
El problema está en que alguien crea que eso se soluciona mutilando un parque. ¿Por qué no comprar o alquilar espacios para adecuarlos a esos propósitos, en lugar de ir por la opción fácil?
¿A alguien se le ocurriría tomar un pedazo de una iglesia para dárselo a los bomberos? Probablemente no, porque se asume una condición intocable de ese lugar. Lo mismo debería suceder con los parques. Mucho más en una ciudad donde no los hay. Y en una ciudad del desierto, como Lima, donde cada árbol es un triunfo de la naturaleza.
Bomberos
El parque de los Bomberos en Lince fue otra lamentable víctima de esta pseudo modernización. El antiguo monumento, que se elevaba varios metros con un imponente obelisco, fue reemplazado por una baratija. Esta apenas se levanta un metro sobre el suelo y terminó quitándole toda dignidad e interés visual al espacio.
¿Qué nos dicen todos estos sinsentidos? Según el arquitecto Wiley Ludeña, se trata de una “disneylandización” de la cultura. Empobrecimiento urbano. Aquí, la mirada moderna de algunos alcaldes se reduce a crear sus propios mundos mágicos, donde lo único que sucede es la proyección de su inmadurez cívica.
Calidad de vida
Y estos son solo unos casos. Esto se viene repitiendo en casi todos los distritos de Lima, con la consecuente disminución en la calidad de vida de los vecinos. La crisis de autoridad, de fiscalización y hasta de buen gusto es innegable (con todo lo subjetivo que el “buen gusto” puede ser, pero aquí no puede haber muchas opiniones encontradas, o sí?).
Y las respuestas para salir de esto no se vislumbran inmediatas. No éramos así. ¿Qué nos pasó?
En la página de Facebook de Lima Milenaria he publicado una galería de fotos con imágenes de estos parques. Juzguen ustedes mismos.
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151475163710642.1073741825.255185565641&type=1
Foto: Parque los Bomberos, Lince. J.Lizarzaburu
lunes, 10 de junio de 2013
¿QUÉ FUTURO PARA EL QHAPAQ ÑAN CON EL D.S.54?
Hoy comparto esta página con el arqueólogo Álvaro Higueras. Álvaro es amigo de esta campaña desde sus inicios, y es una persona cuyos comentarios respeto. Aquí, una valiosa contribución suya, enviada desde Azerbaiján donde ahora reside, para un tema que nos toca a todos.
Patrimonio Cultural y las dos dimensiones de Jano: un reto del Ministerio de Cultura
Se vive estos días, en el contexto del patrimonio arqueológico peruano, una situación que se podría comparar a una moneda, o, para ser más dramático, a la del dios romano Jano, quien presentaba dos caras: las del comienzo y el final, o las del pasado y el futuro.
El contexto al que me refiero es uno en el que dos iniciativas, generadas por el mismo Ministerio de Cultura, parecerían ser contradictorias en la manera que podrían afectar el patrimonio. Pero hay que ser optimistas y pensar que los funcionarios del ministerio podrán en el futuro realmente manejar dos problemas que, en muchos casos, se contraponen y parecerían no ser reconciliables (sobretodo por lo que ha vivido el patrimonio en el pasado reciente). ¿Hay lugar para una mezcla de defensa del patrimonio y desarrollo económico con cambio de paisajes?
Por un lado, se ha reformado el procedimiento legal para obtener un Certificado de Inexistencia de Restos Arqueológicos (CIRA) con el Decreto Supremo no. 54, que Javier Lizarzaburu ha comentado en este su blog. Y por otro, se ha organizado una semana cultural para subrayar la importancia de una parte del patrimonio muy especial: "Qhapaq Ñan: el camino de la Diversidad" enfatiza el compromiso con esta delicada evidencia del pasado andino.
Ambas iniciativas se presentan en la pagina web del Ministerio (http://www.mcultura.gob.pe o directamente http://tinyurl.com/q7nw8ze y http://tinyurl.com/qj92yng). Por supuesto no hay puntada sin hilo: la reforma del reglamento quiere acelerar el "desarrollo económico nacional" que aparentemente no es posible sin remover hectáreas de tierra y todo lo que ella contiene.
En un país como Perú hay altas probabilidades que el territorio contenga patrimonio arqueológico, y, además, patrimonio natural y sociedades vivas con su patrimonio inmaterial. De manera que hay que ser muy cuidadosos con la forma en que se determina la existencia de restos arqueológicos.
El ministerio apoya además la ley de consulta previa en que las sociedades vivas hablan por sí mismas (a diferencia de adobes y piedras). Es difícil pensar que al reducir el numero de días en el que se determina dicha inexistencia de restos se mejore significativamente el sistema. El tema mas inquietante de estos certificados y del fallo de inexistencia es ¿Cuántos restos arqueológicos se deben encontrar? ¿Qué tipo de restos se debe encontrar? ¿Qué está el ministerio decidido a conservar?
Finalmente ¿es lógico que se pueda hacer un mejor trabajo, diligente y preciso, como corresponde dedicarle al patrimonio cultural, en menos tiempo? Esperemos que sí y que las evaluaciones de existencia sean transparentes y difundidas.
Pero vayamos al grano en el contexto del dilema presente: ¿Cuánto de camino inca (o de cualquier otra sociedad) se debe conservar? ¿Hallar 50m de camino significa inexistencia de restos? ¿Son 100m, por el contario, evidencia de existencia? Asumimos que hallar 300m de camino es indudablemente merito para declarar existencia. ¿Qué entonces se propone en la semana del Qhapaq Ñan?
Si el ministerio estima que hay, digamos, 2500km de caminos en territorio peruano, ¿es que se compromete a conservar cada metro? ¿O que a la postre, buscará realísticamente preservar 1500km? Porque, por ejemplo, si se quiere mejorar la carretera del valle de Lurín a Huarochirí uno se encuentra con uno de los tramos más importantes que conectaba el santuario costero de Pachacamac con la sierra sagrada de Pariacaca (ver publicación de ministerio http://tinyurl.com/oa46lvw). Y como bien se sabe es probable que esa carretera tenga que tomar la ruta del camino antiguo, pues los ancestros ya sabían como construir buenos caminos. De los 200km de ese tramo ¿cuantos se van a preservar?
¿Leeremos algún día algo como: "el Ministerio de Cultura ha autorizado, en su deseo de colaborar con el patrimonio nacional y el desarrollo económico, que la compañía x remueva una porción del Qhapaq Ñan para la construcción de sus almacenes"?
El mundo del Qhapaq Ñan es largo y estrecho. Lo delicado de los restos del Qhapaq Ñan también entran en la ecuación. La identificación, la manutención y el cuidado del Qhapaq Ñan es difícil. Los caminos son restos arqueológicos que poseen, en muchos casos, restos muy inconspicuos, poco visibles: una calzada baja apisonada, que puede variar entre variar entre 2 y 12 m de ancho, delimitada por una línea de piedras con cimiento muy superficial. Los hay también con calzada de piedras y con escaleras.
Además el camino tiene construcciones de tamaños discretos pero importantes para la antigua función del camino: apachetas, mojones, tambos y pilares para puentes colgantes. ¿Qué tipo de camino se va a preservar más? Este entusiasmo que vive el proyecto Qhapaq Ñan tiene el objetivo de inscribir la red en la lista de Patrimonio Mundial. Es un gesto sumamente político, pues notado en todo el mundo cómo la gestión de los sitios se deteriora después de tal inscripción (en el Perú, Chan Chan y Machu Picchu; o en Baku, donde el manejo de la arquitectura de la ciudad antigua es muy pobre).
Lo mas interesante del tema es que la nominación del Qhapaq Ñan en un proyecto multinacional con los países andinos que comparten la red en sus territorios. La coordinación regional del proyecto es esencial. Dicho esto, Perú es el país que ha mostrado mayor esfuerzo y más ha publicado reportes sobre tramos de la red. Esto es positivo en el sentido que será más difícil destruir evidencia que ha sido publicada. ¿O no?
¿Qué se puede pensar de estos dos frentes propuestos por el ministerio? Por un lado se acelera el proceso de extender certificados de inexistencia de restos arqueológicos y por otro se promueve la conservación de uno de los restos arqueológicos más complejos y delicados en los Andes. Entonces trato de pensar cómo pueden ambos deseos ser cumplidos en un país donde no solo la evidencia de las ocupaciones de las sociedades andinas es numerosa pero también de extensiones diversas, desde segmentos de caminos, que se interconectan entre si, hasta construcciones piramidales.
Por mi experiencia leyendo los informes de arqueólogos en zonas que se van a ver afectadas por las compañías que "promueven el desarrollo económico nacional" se necesita arqueólogos que tengan bien claro que ellos son los defensores del patrimonio y que de ellos se espera opiniones claras, concretas y valientes que expliquen cómo el desarrollo económico de la región X afectaría el patrimonio cultural (y que decir del natural) de la región.
Una evaluación de tal calibre que tenga el objetivo primordial de conservar el patrimonio requiere de la labor profesional y dedicada de los arqueólogos del ministerio que estarán entonces aplicando la agenda de defender la integridad del Qhapaq Ñan, patrimonio nacional (si es que se le reconoce en costa y sierra) y de tantos otros sitios arqueológicos.
Foto 1: The Global and Mail, paisaje peruano.
Foto 2: Barrick mining. Una situación similar entre Chile y Argentina: la empresa ha considerado un túnel para ir por debajo del trazo del camino inca.
miércoles, 5 de junio de 2013
LAS CIUDADES TIENEN FIEBRE
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| "Handshake buildings" en la ciudad china de Shenzhen. La otra cara del desarrollo |
China
Veamos rápidamente qué viene pasando en esos lugares. La foto de arriba es lo que en China llaman los “edificios que se dan la mano”. Fueron levantados en las afueras de la mega, super ciudad de Shenzhen, al norte de Hong Kong, para los obreros que han transformado el antiguo villorio en una de las hiper modernas y ricas ciudades chinas.
Según el Economist, este es el lado oscuro de ese desarrollo. Y literalmente oscuro. La distancia entre edificio y edificio no tiene más de un metro de ancho, y los vecinos se pueden dar la mano de ventana a ventana. En los pisos más bajos jamás entra la luz del sol. Y son situaciones como estas las que han llevado a hablar en ese país de la urgente necesidad de crear nuevos planes de urbanización.
La situación es tan apremiante que en los próximos meses el primer ministro chino presidirá una gran conferencia nacional sobre urbanismo, donde el tema central será cómo integrar a estas masas de migrantes del campo a la vida urbana china. Según los analistas, los políticos chinos están preocupados por la bomba de tiempo que eso representa si no hacen algo pronto.
Turquía
El caso más mediático de estos días se produjo en Estambul. Si bien la prensa fue muy rápida en dejar de lado el detonante para enfocarse en el contenido político de las protestas, vale la pena detenerse un momento en eso.
En esta ciudad puente entre Occidente y Oriente, uno de los lugares de encuentro favoritos de los estambulitas es la plaza Taksim, junto al parque Gezi. Los planes del gobierno consistían en mejorar las condiciones de la plaza, a cambio de utilizar un sector del parque para levantar ahí un centro comercial. Y en un ambiente políticamente cargado, esta fue la gota que colmó el vaso.
Con 15 millones de habitantes, en los últimos años Estambul ha experimentado un crecimiento rápido y desordenado. “Suficiente es suficiente", dijo una estudiante turca a un medio de comunicación durante las protestas. "Nunca nos preguntan lo que queremos. No nos dejan espacio para respirar”, señaló.
En un principio, fueron muchos los ciudadanos que salieron a defender su espacio público de lo que se percibe como la avasalladora presencia del sector inmobiliario, que allá también ha tenido un fuerte impacto sobre el paisaje urbano.
Los que saben
¿Pero cómo hacen ciudades donde parece que hacen mejor las cosas? Esta semana salió una nota desde la ciudad francesa de Marsella. Según sus autoridades, ante un patrón creciente de violencia urbana, en medio de una severa crisis económica, y con una afectación directa a la imagen de la ciudad, su estrategia fue la cultura. Para eso, se embarcaron en un gran proyecto para levantar el gran museo de las culturas mediterráneas, que busca revitalizar esta urbe del sur francés.
En el caso de Berlín, conscientes de la necesidad de desarrollar una cultura urbana más sostenible, la práctica de compartir el auto en las mismas rutas al trabajo, al colegio o las compras, se está convirtiendo en la norma.
Londres usó el pretexto de las Olimpiadas para emprender un masivo proyecto de renovación urbana al este de la ciudad, que transformó un sector pobre e históricamente abandonado en una zona con nuevos usos y nueva vitalidad.
¡Lima!
En Lima, dentro de siete años, o menos, entraremos a la categoría de mega ciudad. Es decir, aquellas con más de 10 millones de habitantes. En esa ruta enfermiza por crecer lo único que el ciudadano promedio ve es el aumento descontrolado de edificios. Un aumento que, por lo menos por ahora, no contribuye en nada a la ciudad.
Y lo que está pasando en otras partes, en Lima lo estamos viviendo cada día. Como nunca, la ciudad vive un proceso extraordinario de cambios. Uno pensaría que situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias. Medidas que hagan frente al lado más negativo del desarrollo: la destrucción de edificios históricos, de sitios arqueológicos, o la desaparición de áreas verdes y la reducción de espacios públicos. Pero nada de eso está pasando.
Mientras tanto, las señales de descontento van en aumento. La falta de diálogo entre autoridades y ciudadanos está creando una severa fractura social. Este jueves, mientras escribo esta columna, se tiene prevista una marcha hacia el Congreso para protestar contra el cuestionado D.S. 54 que pone en una situación vulnerable a los tesoros del pasado.
Pero lo que estamos viviendo no es un tema limitado a la cultura o la arqueología. Son temas que definen el tipo de ciudad en la que vivimos. Por lo tanto, nos compete a todos. Producto de una ciudadanía convulsionada por los cambios, hay cada vez más limeños que se sienten acorralados, sin interlocutores válidos. Y mientras eso pasa, son otros los que están construyendo la Lima de los próximos 100 años.
¿Tratamiento?
No por gusto Naciones Unidas-Habitat el año pasado publicó su informe "El estado de las ciudades", con un diagnóstico poco bueno. Una receta fundamental que ellos proponen: repensar el camino de las ciudades, de modo que el ciudadano esté al centro de las medidas que se tomen. Donde la calidad de vida, la felicidad de los que viven en las urbes de hoy sean lo prioritario. Esa visión cuesta porque aquí nunca se ha planteado así, pero cada vez es evidente que se hace más necesario.
La opción contraria es clara. Quedarnos con una ciudad enferma, si no lo está ya. Y como todo paciente que no toma su remedio a tiempo, ya sabemos lo que podría pasar.
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| Plaza Taksim, Estambul, con manifestantes. Foto: BBCMundo. |
miércoles, 29 de mayo de 2013
PRESIDENTE HUMALA: ESTE PAÍS EXISTE
No ha tenido que pasar mucho tiempo para empezar a ver la dimensión funesta y peligrosa del D.S.54 sobre el destino de nuestro patrimonio arqueológico. Veamos primero unos datos básicos.
Para los que no la conocen, la huaca San Marcos (sobre la Av. Venezuela y dentro de los terrenos de la Universidad del mismo nombre) es uno de los grandes monumentos de la antigüedad en el Perú. Con sus 330 metros de largo, 130 de ancho y 30 de alto, es la más grande de Lima, y se cree que fue el edificio principal de la cultura Lima, hace unos 2.000 años.
Hoy, este magnífico edificio se encuentra como era la huaca Pucllana hace 30 años: cubierto de capas de tierra y olvido. En la imagen de abajo vemos una proyección aproximada del arqueólogo Lizardo Tavera del mismo lugar. Es decir, como podría verse si se decide su puesta en valor.
Que la mayoría de limeños no sepamos esto no es de sorprender. Por las razones que sean, el sistema educativo de la capital ha ignorado sistemáticamente información valiosa que pertenece a todos los ciudadanos. A todos, o a la mayoría, se nos privó de un derecho fundamental: conocer a los ancestros que poblaron estos valles. Los ancestros que hicieron posible que hoy nosotros estemos aquí.
El destino que ha tenido esta huaca es simbólico de cómo hemos tratado estos tesoros. El arqueólogo Joaquín Narváez en un lúcido artículo sobre la destrucción de la riqueza cultural del país a lo largo del tiempo (link abajo), identifica al Estado peruano como uno de los mayores responsables. Y San Marcos es una muestra flagrante de esa acción destructiva a lo largo del tiempo.
Ha sido mutilada más de una vez bajo una visión de “progreso”. El último en intentarlo, pero no lo consiguió, fue el ex alcalde Castañeda que pensaba eliminar un pedazo de monumento para ampliar la avenida. Nunca estuvo en los planes un túnel subterráneo u otras alternativas. Son opciones que acá no se consideran.
La visión de Confiep
Esta semana Cecilia Valenzuela entrevistó en el canal Willax al vicepresidente de Confiep, el señor Gonzalo Prialé, para analizar las medidas tomadas por el presidente Humala para acelerar los proyectos de inversión.
Alrededor del minuto 5’30 la periodista pregunta por la tercera de las siete medidas, la referida a los certificados arqueológicos (CIRA-Certificado de Inexistencia Arqueológica), y el señor Prialé contesta:
“…cómo será esto de trabador que, por ejemplo, el diseño de la línea 2 del metro de Lima que pasa cerca de la Universidad de San Marcos, donde se supone que hay algunos restos, creo que inclusive ha tenido que mover su trazo para no pasar por esta zona. Incluso, se ha optado por profundizar el metro para evitar interferencias como estas…”
Abajo pongo el link a esa entrevista. ¿Es lógico pensar, después de escuchar su respuesta, que para el vicepresidente del mayor gremio de empresarios del país la huaca San Marcos es un obstáculo? En su esquema mental no se percibe que exista un proceso que asocia sitio arqueológico con medidas de adicionales de precaución y protección, como suele suceder en países con correcta gestión cultural.
Entonces, si la semana pasada hubo quienes pensaron que éramos unos alarmistas por cuestionar este decreto, aquí tienen la evidencia más inmediata.
Más allá de que este empresario sepa o no que se trata de un importante monumento, lo que sus declaraciones dejan en claro es que no hay manera de ver esas estructuras antiguas fuera de ser una interferencia para sus planes. Como pasó con Puruchuco, que se llegó a una poco satisfactoria solución.
¿Por qué sucede esto?
No por ignorancia. Sucede porque no hay un mensaje claro del Ejecutivo de que es importante proteger, preservar y poner en valor la herencia cultural de los peruanos.
Sucede porque no existe una visión de Estado que considere la enorme y rica herencia patrimonial peruana como un recurso para el desarrollo.
No en vano se dice: “el patrimonio en los países ricos es una fuente de ingresos, en los pobres una fuente de problemas”. Y aquí vemos clara y lamentablemente por qué.
Un anuncio que debió alegrar a todos los peruanos. Un anuncio en el que se habla de acelerar los proyectos de desarrollo, de promover las inversiones, de luchar contra la pobreza, termina creando una sensación de desamparo entre quienes vemos en nuestra riqueza cultural una gran oportunidad.
Y se termina en la absurda e innecesaria situación de enfrentar cultura y desarrollo. Esto solo puede suceder cuando entre quienes tienen la responsabilidad no existe la visión.
Ese Decreto debió decir en los términos más claros que no solo es obligación del Estado la protección de este legado, sino decir expresamente que se dotará el ministerio de Cultura de los recursos necesarios para cumplir su tarea.
De existir la voluntad política, se hubiera pensado en implementar un sistema por medio del cual cada proyecto que necesite un CIRA destine un fondo para la recuperación de algún bien arqueológico peruano. Lo mismo que debería hacerse con el enorme boom inmobiliario que vive la capital, para la recuperación de casonas históricas. Pero nada de esto sucede.
Mientras tanto sigue pendiente ese diálogo nacional. Ese proceso por medio del cual entre todos podamos reconocer qué es aquello que necesitamos y podemos conservar, y qué es aquello a lo que tenemos que decirle adiós.
Personalmente siento que esta es una vía importante para avanzar. Algunos sacrificios tendremos que hacer, pero algo fundamental podremos hacer, porque una cosa es cierta: este país existe y no piensa desaparecer.
Entrevista a Gonzalo Prialé-Willax: http://www.youtube.com/watch?v=C0oemmhKDuI
Artículo de Joaquín Narváez: http://www.naya.org.ar/congreso/ponencia3-3.htm
Foto 1: Vista aérea de la huaca San Marcos, sobre la Av. Venezuela. La Universidad a la derecha, y al fondo a la derecha el estadio, que se construyó sobre otra gran huaca de la antigüedad. Foto: Página Pachacutec-Facebook.
Foto 2: proyección 3D de la huaca San Marcos. Autor: Lizardo Tavera.
miércoles, 22 de mayo de 2013
D.S. 54: O COMO DESTRUIR UN LEGADO ARQUEOLÓGICO
La reciente promulgación del Decreto Supremo 54 ha puesto a arqueólogos, gestores culturales y gente interesada en el patrimonio peruano en pie de guerra. Y no es para menos. Sin hacer ninguna referencia a la obligación del Estado en la protección de estas riquezas, lo que el decreto en buena cuenta dice es que a partir del mes de junio, cuando entra en vigencia, todo vestigio arqueológico que las empresas encuentren a su paso quedará prácticamente desprotegido. Si es que no es destruido.
Según las protestas levantadas por algunos de los principales gremios profesionales y por Icomos-Perú, la entidad más representativa a nivel mundial en temas de patrimonio, el presente decreto modifica sustancialmente el sistema de protección de sitios arqueológicos que existía hasta el presente. ¿Cómo era hasta hoy?
Cuando una empresa quería explotar una mina, abrir un camino o levantar una estructura, la ley le exigía previamente una evaluación arqueológica para ver si en el lugar existen vestigios sin descubrir. Una vez evaluado el lugar, se emitía un certificado: sí tiene, no tiene. Si por alguna razón el ministerio de Cultura no respondía dentro del plazo que daba la ley (30 días), ese “silencio administrativo” se consideraba una negativa y la empresa no podía proceder.
Ya sea por vicios propios de la burocracia, o por propias limitaciones, lo cierto es que esos certificados o CIRAS (Certificado de inexistencia de restos arqueológicos), a veces tardaban hasta un año o más en darse. Es fácil imaginar la reacción entre quienes querían desarrollar un proyecto. ¿Cuál es el cambio hoy?
A partir del 1 de junio toda empresa que quiera desarrollar cualquier tipo de proyecto va a seguir necesitando que el ministerio de Cultura emita el CIRA, y se reduce el plazo de respuesta de 30 a 20 días. Pero la alarma roja está en el llamado “silencio administrativo”.
Es decir, a partir del 1 de junio, si Cultura no responde en 20 días se asume que no hay ningún vestigio arqueológico y el proyecto procede. Si existen vestigios, la empresa sigue obligada a presentar un Plan de Monitoreo (protegido, teóricamente). Pero acá también si el ministerio no aprueba ese plan de gestión dentro del plazo impuesto, el plan de la empresa queda automáticamente aprobado. Sea el plan que sea.
¿Cuál es el efecto inmediato de este decreto? Según el presidente Ollanta Humala, y el ministro de Cultura, que firmó también el documento, es un paso adelante para acelerar procesos de desarrollo, para luchar contra la pobreza y para sacar al país adelante a la brevedad posible. Bien! ¿Pero es esta la mejor manera de proceder?
Por otro lado, la misma redacción del Decreto está hecha de tal modo que enciende el mal ánimo. En ningún momento se hace referencia a la obligación del Estado en proteger la historia, identidad y riqueza cultural de todos los peruanos. Por el contrario, la redacción es tal que se termina deduciendo que la cultura más que un recurso para el desarrollo es un obstáculo. La falta de visión en esto último es preocupante.
Después de leer ese decreto, nadie creería que vivimos en uno de los seis países que son cuna de civilización en el mundo y uno de los más ricos culturalmente. ¿Dónde quedó la visión de cultura como fuente de desarrollo?
Lo que este decretó debió hacer es dotar al ministerio de Cultura de todos los recursos necesarios para que cumpla con su tarea, inescapable, de proteger la riqueza de todos los peruanos. Debió dotar de recursos adicionales al ministerio para la recuperación y puesta en valor de los bienes que ya existen. Debió crear mecanismos a futuro para que esas empresas, donde hallen vestigios, contribuyan a la recuperación de esos u otros bienes del país. Y si el ministerio no cumple, debió establecer mecanismos por los cuales la empresa privada no se perjudica y se consigue acelerar el proceso, sin poner en riesgo el patrimonio. En nada de esto se pensó.
Pero veamos también el otro lado. ¿Cuánto nos queda por descubrir? ¿Creemos que de verdad todavía quedan monumentos importantes bajo tierra?
Cuando le planteé esto a Alberto Martorell, presidente de Icomos-Perú su visión fue clara: en términos de patrimonio no se protege y cuida solo lo monumental, los machupicchus del país, sino también cementerios, arquitectura civil modesta, hasta desechos de basura arqueológica porque todo trae información que nos pueda decir más sobre quiénes somos y de dónde venimos.
Aquí creo que tenemos que encontrar un equilibrio. Un equilibrio que funcione para todos. Porque a fin de cuentas se trata de eso ¿Acaso no habrá llegado la hora de ser realistas? Ahora me podrán acusar de traidor pero no de rasgarme las vestiduras. De repente, por más terrible que suene, tenemos que entender que hay sitios y vestigios a los que tenemos que decirles adiós. Por el bien de lo que ya tenemos y no cuidamos.
La realidad es que ni ahora cuando hay dinero suficiente se está protegiendo lo que ya existe de manera adecuada. No nos engañemos. Esto nunca va a suceder. Menos si nos dedicamos a cuidar y proteger cada pieza individual de arqueología que se encuentre en nuestro territorio.
Lo más irónico lo vi en estudiantes de arqueología de San Marcos. Publicaron un Facebook un manifiesto anti decreto hablando de la necesaria salvaguarda de nuestro patrimonio. Ante eso les pregunté qué estaban haciendo ellos por recuperar la huaca San Marcos, la más grande de Lima, una de las más importantes y una de las que probablemente más información todavía guarda en su interior y que queda dentro de la misma universidad.
Por las razones que sean, San Marcos no está haciendo nada por su huaca. Pero no solo son ellos. Somos todos nosotros. No tenemos un gran museo del Perú. No tenemos un registro completo de todo lo que tenemos. Gran cantidad de material sigue en depósitos donde, según me cuentan algunos arqueólogos que lo han visto, todavía existen cajas de Julio C. Tello que ni siquiera han sido abiertas. Y él murió en 1947. O sea, ¡hace casi 70 años!
Entonces, ¿de qué nos quejamos? ¿Qué es lo queremos realmente? Yo creo que nos toca mirar al futuro con sinceridad. Y si nos ponemos de acuerdo, de repente este infeliz decreto puede facilitar algo mejor: decidir qué hacemos con lo que tenemos. Que es bastante.
Foto: Erik Maquera / Sitio arqueológico Catalina Huanca, Distrito de Ate, año 400d.C., quedó en medio de una empresa arenera, que ha excavado el sitio está dejarlo completamente aislado, como se ve en la foto.
Aquí el Decreto: http://elperuanolegal.blogspot.com/2013/05/decreto-supremo-054-2013-pcm-aprueban.html
miércoles, 15 de mayo de 2013
¡EMPECEMOS A DEMOLER!
Acá tenemos dos palabras malditas: expropiar y demoler. Cada una ha adquirido su propia dimensión diabólica gracias al mal uso que se le dio o se le sigue dando. Expropiar, un concepto necesario en temas de urbanismo, planificación, mejora de las condiciones y la calidad de vida de los ciudadanos, durante décadas fue casi una palabra impronunciable.
El trauma dejado por el gobierno militar de Velasco la sacó no solo del léxico sino de la cabeza de las autoridades. ¡Esa barbaridad comunista! Se le dio una lectura política y hasta ahí llegamos. Lo que se expropia hoy es mínimo y cuando sucede parece que se hace con un miedo extremo.
Sin embargo, es una de las armas que nos da la misma ley para proteger la rica herencia arquitectónica de Lima. ¿Lo hace el ministerio de Cultura? No. ¿Lo hace la Municipalidad de Lima? No. Las razones, o las excusas, siempre están ahí. El resultado final es que la autoridad no se atreve a hacer uso de una de las herramientas más potentes que tiene a su disposición.
La otra es demoler. Pero aquí el asunto es más perverso. La autoridad no demuele. Demuele la empresa privada. Demuelen inmobiliarias al margen de cualquier responsabilidad ciudadana y de cualquier valor histórico del inmueble. Es cierto, tampoco existen incentivos de ningún tipo para que un propietario de un bien histórico quiera y pueda conservar ese inmueble. Pero el resultado es el mismo: demolición, pérdida irreparable de capas de historia e identidad de una ciudad original.
Lo que alcaldes y autoridades de cultura están permitiendo es un proceso descontrolado, destructivo y voraz de crecimiento urbano. Lima nunca antes vivió este tipo de presión. A una situación extraordinaria se han debido implementar medidas extraordinarias. Pero hasta ahora nadie parece haberse dado cuenta de la situación.
Lo que tenemos en cambio son alcaldes felices, porque les entra más dinero. Un ministerio de Cultura callado, porque no sabe qué hacer, y una Municipalidad de Lima que mira del otro lado porque es una autoridad debilitada. Lima no se merece esta situación.
En el post de la semana pasada hicimos referencia a la investigación que vienen realizando en nuestra ciudad más de 30 alumnos de arquitectura y planificación de una universidad de Londres. Incluso ellos, que llegaban por primera vez a la capital, se quedaron sorprendidos que en el último lustro el 40% del sector de Barrios Altos se haya convertido en depósitos.
Estos depósitos no solo son ilegales. Para levantarse tuvieron que tirarse abajo alguna estructura antigua. Todo esto a vista y paciencia de las autoridades. A lo máximo que ha llegado la capacidad de fiscalización de la Municipalidad de Lima es a pegar unos afiches que son quitados al día siguiente. O a las pocas horas.
En una reunión sobre estos temas, hace unas semanas, Alberto Martorell, el presidente de Icomos, indicó que “si esos depósitos de seis pisos pudieron ser construidos sin que ninguna autoridad pudiera pararlo, algo grave está sucediendo”. Y vaya que si es grave... la incapacidad de las autoridades para defender la ciudad.
Pero todavía se pueden redimir. Por ejemplo, empezando por demoler lo ilegal y clandestino. Finalmente, este sería el único tipo de demolición que vale la pena. Y no solo salvaría la ciudad. Salvaríamos también una palabra del infierno del lexicón.
Foto arriba: Prensa alternativa. Depósito en Barrios Altos.
Foto abajo: Wikipedia. Demolición en Alemania.
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